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«No me gustan los koalas. Son unos bichos asquerosos, irascibles y estúpidos sin un solo hueso amistoso en todo su cuerpo. Sus hábitos sociales son vergonzosos: los machos siempre andan propinando palizas a sus semejantes y robándoles las hembras. Tienen mecanismos defensivos repugnantes. Su piel está infestada de piojos. Roncan. Su semejanza con juguetes adorables es una engañifa abyecta. No son dignos de elogio por ningún motivo. Y además, una vez un koala intentó hacerme daño de una forma muy horrible.» 

Asi comienza uno de los 15 relatos que componen El koala asesino.Una colección de historias tan inverosímiles como reales sobre los hilarantes y onerosos encontronazos de Cook con la fauna de los yermos páramos del outback. La opinión del autor sobre los nativos (bípedos o cuadrúpedos) y las costumbres locales no ha variado un ápice desde Pánico al amanecer: en “Cedric el gato”, una de las quince historias del libro, afirma que “en cualquier parte de Australia situada al oeste del Bogan, puedes estafar a un hombre, darte a la fuga con su mujer, seducir a su hija, corromper a sus hijos e incluso robarle el perro y todavía cabe la posibilidad de que te perdone, pero como te nigues a beber con él formarás parte de la estirpe de los dingos, serás un paria irredento para siempre jamás, indigno de la bala que en caso contrario estaría encantado de descerrajarte”. Como ven, tampoco suena a libro subvencionado por el Patronato de Turismo. Las diferencias con la obra maestra de Cook son sencillas: todo lo que allá es dramático aquí es mondante, y en las historias, por añadidura, figuran de forma prominente los animales. Asquerosos bichos, desagradables especies semiextintas que –ignorando toda concepción de gratitud o autopreservación- se le hincan a uno en las partes blandas a la menor ocasión. Cerdos salvajes, koalas (estos se llevan la peor parte, desafiando todo lo que habíamos creído aprender en EGB) serpientes letales, camellos estafadores, elefantes con estreñimiento y muchas otras “modalidades de muerte” a cuatro patas. Y tanto ellos como sus dueños dejan claro sin ningún género de duda que Australia debe ser, junto a Bilbao, el único lugar del planeta donde todos los clichés nacionales resultan ser veraces. Una recuperación de lo más recomendable.

«No me gustan los koalas. Son unos bichos asquerosos, irascibles y estúpidos sin un solo hueso amistoso en todo su cuerpo. Sus hábitos sociales son vergonzosos: los machos siempre andan propinando palizas a sus semejantes y robándoles las hembras. Tienen mecanismos defensivos repugnantes. Su piel está infestada de piojos. Roncan. Su semejanza con juguetes adorables es una engañifa abyecta. No son dignos de elogio por ningún motivo. Y además, una vez un koala intentó hacerme daño de una forma muy horrible.» Asi comienza uno de los 15 relatos que componen El koala asesino.Una colección de historias tan inverosímiles como reales sobre los hilarantes y onerosos encontronazos de Cook con la fauna de los yermos páramos del outback. La opinión del autor sobre los nativos (bípedos o cuadrúpedos) y las costumbres locales no ha variado un ápice desde Pánico al amanecer: en “Cedric el gato”, una de las quince historias del libro, afirma que “en cualquier parte de Australia situada al oeste del Bogan, puedes estafar a un hombre, darte a la fuga con su mujer, seducir a su hija, corromper a sus hijos e incluso robarle el perro y todavía cabe la posibilidad de que te perdone, pero como te nigues a beber con él formarás parte de la estirpe de los dingos, serás un paria irredento para siempre jamás, indigno de la bala que en caso contrario estaría encantado de descerrajarte”. Como ven, tampoco suena a libro subvencionado por el Patronato de Turismo. Las diferencias con la obra maestra de Cook son sencillas: todo lo que allá es dramático aquí es mondante, y en las historias, por añadidura, figuran de forma prominente los animales. Asquerosos bichos, desagradables especies semiextintas que –ignorando toda concepción de gratitud o autopreservación- se le hincan a uno en las partes blandas a la menor ocasión. Cerdos salvajes, koalas (estos se llevan la peor parte, desafiando todo lo que habíamos creído aprender en EGB) serpientes letales, camellos estafadores, elefantes con estreñimiento y muchas otras “modalidades de muerte” a cuatro patas. Y tanto ellos como sus dueños dejan claro sin ningún género de duda que Australia debe ser, junto a Bilbao, el único lugar del planeta donde todos los clichés nacionales resultan ser veraces. Una recuperación de lo más recomendable.

Título: El koala asesino

Autor: Kenneth Cook

Fecha de publicación: 2012

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